«¿Por qué la gente dice que la muerte es lo opuesto a la vida? Morir es lo opuesto a nacer… La vida no tiene opuesto» (Dawson a Joey, Dawson’s Creek Series Finale)
Se nos ha ido The Beek, The Beekster, The Beek from the Creek… nuestro querido y eterno Dawson Leery de la serie de mi vida, Dawson Crece. No tengo mucho más que decir a lo que ya ha dicho Pili en nuestra web hermana Brenda Forever, tan solo añadir que estoy absolutamente congelado, unable to write or think or even feel, sin saber si enfocar este triste artículo por la información pura y dura o por la experiencia personal que desvíe el foco (seguramente de manera errónea) del protagonista de la terrible noticia. Intentemos algo a medio camino.

Me enamoré de Dawson Crece en el verano del 98, cuando empezaron a emitirla en Canal Plus (los jueves por la noche, en prime time y… ¡codificada! -I’m an old timer-). Kevin Williamson y Scream y la madre que lo parió me dieron fuerte en el corasao y en mi deseo por dedicarme a eso, a la FICCIÓN (Joey le dice a Dawson que no sabe la suerte que tiene de ser escritor, ya que puede vivir las cosas dos veces), pero fue Dawson Crece, y Dawson Leery, el que metió la mano directamente en mi ser, me secuestró el alma y le susurró al oído algo así como «¿eres soñador, eres un eterno optimista, eres un poquito egocéntrico, eres un perfeccionista, eres alguien que quiere dedicarse a las películas con la fuerza de los mares? Well, here’s your avatar! Me! Dawson Leery!».
Amé a Dawson desde el minuto uno. Entiendo, en parte, el hate posterior, pero un adolescente que quiere convertir su vida en una película (recitando frases pedantes con guiños a la cultura pop firmadas por el creador de Ghostface) quedaría ya por siempre unido a mí. Es por esto que, con su muerte, me quitan la escalera que daba a la ventana de su cuarto, me retiran la barquita en la que Joey se subía y, Pacey dixit, mágicamente llegaba de alguna forma a casa de Dawson.

Pero quiero creer que ese chico soñador de la primera temporada (toneladas de talento de Van der Beek en las expresiones, reacciones y arranques rabiosos de un chico de quince años al que las cosas se le torcían y no le salían like in the movies -siempre he admirado y siempre admiraré la absoluta credibilidad que le dio a un personaje que era pura ensoñación-) sigue viviendo en de todos los fans y, por supuesto, en mí. Quiero creer que lo que Dawson, James y la serie me inyectaron en vena (quiero crear ficciones, quiero ser mejor persona, quiero crear momentos de cine en la realidad) sigue ahí, latente, esperando el momento perfecto para materializarse de golpe. Soy un señor talludito, mis sueños de adolescencia empiezan ya a quedarme lejos, pero la muerte de James me obliga a atarle un nudo a la barca y volver a colocar la escalera en su sitio: voy a seguir soñando, Beekster, aunque sea escribiendo «Hombreras de gloria» (Jen sigue torciendo el gesto cuando oye este título).
Bah, nada, al final de información poca, pero yo qué sé, aún estoy descolocado por la horrible noticia de la muerte de uno de mis ídolos de adolescencia. Gracias por todo, por las jugadas de Varsity Blues, por tu cameazo en Scary Movie, por tu divertido vídeo con Tig Notaro, por tu resistencia a la enfermedad durante tantos años, por todos esos hijos rubios, melenudos y perfectos; y por ser el tío que dio forma y VIDA a todo lo que quería ser.

Os dejo aquí debajo el artículo de TeenDramaWhore que glosa extraordinariamente bien la carrera de James Van der Beek (aunque esa postdata me ha derrumbado).
RIP James Van Der Beek by Shari Weiss
Read on Substack
Descansa en paz, James.
