ESCRITO POR LAURA LÓPEZ LAMIEL (elblogperdidodelaura.blogspot.com)
Si en el verano del año 2000 llegan a decirme que Jen Lindley acabaría siendo mi personaje favorito de Dawson crece, seguramente habría pensado que me estaban tomando el pelo. Mi yo adolescente empezó viendo a Jen como la mala de la película por el simple hecho de ser el tercer componente romántico en el breve triángulo que formó con Dawson y Joey; sin embargo, el tiempo y la experiencia me demostraron lo equivocada que estaba. Jen acabó siendo mi personaje favorito por una simple razón: era la más humana de los habitantes de Capeside.

Todos los personajes tuvieron sus dramas, y Jen también (no podemos olvidar a la fabulosa e insoportable Abby Morgan), pero sus problemas no estaban caracterizados por el melodrama o el sensacionalismo; ella se caía y volvía a levantarse, y la mayoría de veces lo hacía en silencio y sin armar revuelo. Aprendía de sus errores, lo que la dotó de una empatía, madurez e inteligencia que hicieron que el resto de los personajes acudieran a ella en busca de consuelo y consejo. La vida no la trató bien, y la serie tampoco así que, cuando descubrí que mi querida Jen fallecía en el capítulo final, mi sorpresa e indignación fueron mayúsculas. No comprendía nada y lo vi como un desprecio más, pero han pasado los años y debo admitir que su muerte fue más bien lo contrario: el adiós de Jen hizo que el personaje se convirtiera el corazón de la serie y su partida fue el catalizador emocional definitivo de una historia que nos enamoró durante 6 temporadas.

En el doble capítulo final los protagonistas parecen tener sus vidas encarriladas y esto lo podemos ver a través del éxito y la estabilidad que han conseguido, pero las apariencias engañan y ninguno de ellos ha podido sanar ciertas heridas del pasado. Todo lo que ocurrió en Capeside sigue anclado a ellos, pero Jen Lindley está ahí para solucionarlo. La enfermedad de Jen es el reflejo de que la vida es absurda y efímera, y esto hace que todos los personajes despierten y se enfrenten a sus demonios. La nieta de Grams se encarga de que sus amigos encuentren su lugar, algo que, irónicamente, ella nunca tuvo, y este último acto de amor hace que el personaje de Michelle Williams pueda encajar finalmente con el resto de las piezas del puzle.

La muerte de Jen Lindley dio lugar a momentos imborrables que se han quedado grabados en mi memoria (la última escena entre Jen y Grams sigue rompiéndome como el primer día), pero hoy me gustaría hablar de aquellos que tienen como protagonistas a Amy, la hija de Jen, y Dawson. El vídeo que Jen graba para su hija es muy conmovedor porque no quiere que su pequeña vuelva a repetir los patrones que han marcado su vida. Quiere encargarse de que Amy sea libre y feliz, y este testamento filmado por Dawson es el legado que Jen le deja. Antes de seguir con Dawson, me gustaría hacer un pequeño inciso y recordar que la serie jugó varias veces con la realidad y la ficción, y esta escena toma ahora un carácter triste e irónico porque en la serie el encargado de plasmar las últimas palabras de Jen es Dawson pero, fuera de ella, Michelle Williams se convirtió en la líder a la hora de organizar el tributo celebrado en apoyo a James Van Der Beek en su lucha contra el cáncer. La realidad y la ficción volvieron a darse de la mano más de 20 años después y es inevitable ver los paralelismos entre estos dos instantes.

Después de este paréntesis, quiero volver a Dawson y a ese momento en el que recuerda cómo Jen entró en su vida para revolucionarla por completo. Con ella, Dawson empezó a sentir los terremotos de la adolescencia, y también muchos miedos y dudas, pero su adiós supone el final de una era y gracias a esto nuestro eterno soñador consigue despertar, aceptar las cosas tal y como son y seguir caminando sin ningún tipo de rencor o remordimiento. En otras palabras: Dawson Leery por fin abraza la libertad.

En su momento la muerte de Jen me pareció muy injusta, pero ahora la veo con otros ojos porque su final es un reflejo de su generosidad y valentía. El legado que dejó es de los que tardas en apreciar, pero cuando consigues hacerlo, te das cuenta del papel tan importante que jugó para que los personajes pudieran desprenderse de sus cadenas y mirar al futuro con optimismo y firmeza. El gran Kevin Williamson consiguió hacerle justicia en el último acto y ya solo nos queda decir una cosa: Jen ha muerto. ¡Larga vida a Jen!

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