Por qué vuelvo una y otra vez a Dawson Crece

Ya no soy teenager. Hace mucho que dejé de serlo. He sufrido varios golpes de realidad en este sentido desde hace años, el más reciente es mi notable desapego para con la trilogía de películas “teenagers” Fear Street. A la primera, con mucho esfuerzo, le pude sacar algo. La segunda no pude terminarla. Como le dije a mi amigo Salva Valero, si quiero ver Scream, me pongo Scream. Si quiero ver Viernes 13, me pongo Viernes 13. Este es un remedo para los chavales que acaban de aterrizar en el género. No es un producto para mí, un señor. Y es que ser un señor es muy duro; no es tanto el hecho de comenzar a rechazar productos adolescentes (que también, a mí eso de Outer Banks no me interesó lo más mínimo, por ejemplo) sino la acumulación de temas, responsabilidades y quehaceres adultos que te van despejando el panorama de todo aquello que no es imprescindible. Y Fear Street o el último producto de moda rara vez lo es. Lo que sí lo sigue siendo, en mi corazoncito, es Dawson Crece.

Porque los señores mayores necesitamos, mucho más que los señores adolescentes, nuestro “happy place”. Los chavales están metidos de lleno en ese lugar feliz, se están dando baños en él cada día de su vida sin ser conscientes, pero los señores mayores sabemos que ya solo podemos volver al happy place dos o tres veces al año… o virtualmente, a través de los lazos que hemos establecido con canciones, series o películas que nos transportan mágicamente a aquella época en la que apenas tenías responsabilidades, tus decisiones vitales no afectaban a otras personas y cuando acertar en las mismas daba un poco igual porque, al fin y al cabo, tenías toda la vida por delante para probar otras. Lo que más echo de menos de los años teenager me parece que es esto: el infinito universo de posibilidades que tenía ante mí. Podía hacer (dentro de mis posibilidades) lo que quisiera. Y si me salía mal, podía pegar un volantazo casi inmediatamente sin pararme a pensar en cómo afectaría dicho volantazo a posibles hipotecas, préstamos, tratamientos médicos, la vida de otras personas y todas esas cosas tan soberamente aburridas. Ahora me encuentro de lleno en estas historias, agobios de señores, y era urgente regresar, ni que fuera por 42 minutitos, a mi lugar feliz. Y ese es Capeside.

Tenía otros nombres pensados, más comerciales y chulos, si alguna vez pongo un negocio. Pero al negocio que nunca tendré debería llamarlo Capeside. Así trabajaría todos los días de mi vida en mi lugar feliz. A ver cómo traigo las barquitas y las puestas de sol… pero lo importante es transportarme cada mañana allí. Como de momento no hay más cera que la que arde (y arde francamente mal), mi único remedio es meterme una pildorita de Dawson Crece cada cierto tiempo, para recordarme que, una vez, hace ya mucho tiempo, todo era posible. El capítulo que he visto en este Random Rewatch (es decir, ponerme capítulos a boleo) es el 1×10, Double Date, en el que Pacey se siente extrañamente atraído por Joey tras hacer con ella un trabajo de “biología marina” y en el que Dawson engaña a una tal Mary Beth para salir con él con el único objetivo de darle celos a Jen, que acababa de dejarle… Ay, mis queridas tramas teenager… Mi querida Capeside.

2 comentarios sobre “Por qué vuelvo una y otra vez a Dawson Crece

  1. Me encanta tu pagina, me siento identificada con lo que decis. Ya con mis treinta y largos años… volver a ver la serie, corta un poco la rutina agobiante de la adultez y me transporta a ese lugar de mi adolescencia para regresar cada tanto en mi memoria a esa sensacion genunina de aquellos años.
    Desde los dialogos, la ropa y sobre todo la musica!…
    Hoy por hoy, veo cada capitulo desde una perspectiva totalmente diferente, interpreto las situaciones de otra forma y amo los personajes que antes quizas no me interesaban.
    Hermosa Serie!.Saludos desde Argentina

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    1. ¡Gracias, Leti! Eres una número uno como Abby Morgan, jajajaja!

      Coincido contigo en que ahora veo ciertas tramas con otros ojos (la trama de Dawson y el Señor Brooks originalmente no me interesaba un pimiento pero ahora me parece preciosa)… En fin, que qué lindo es tener un lugar feliz como Capeside, ¿verdad?

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